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Miguel Ormeño: una vida dedicada a la música, la memoria y la identidad de Caleta Olivia

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junio 1, 2026

Miguel Ormeño es parte de la historia cultural de Caleta Olivia. Músico, tallerista, colaborador permanente de actos patrios y defensor del patrimonio local, visitó los estudios de Vengan de a Uno para compartir recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre su extensa trayectoria vinculada a la ciudad.

Actualmente, Ormeño se desempeña como tallerista de trompeta en el Galpón de Murga Franca y es una figura habitual en los actos oficiales, donde interpreta el tradicional minuto de silencio durante las ceremonias protocolares.

“Lo aprendí de joven y lo sigo tocando de corazón. Nunca cobré por hacerlo, es una forma de acompañar y rendir homenaje”, expresó.

Los comienzos en la primera banda municipal

Durante la entrevista recordó sus primeros pasos en la música, cuando a fines de la década del setenta integró la primera Escuela Infanto Juvenil de Música de Caleta Olivia.

Aquella experiencia nació gracias a una iniciativa impulsada por músicos de la Banda del Regimiento 8 de Comodoro Rivadavia, quienes ofrecieron capacitación a jóvenes de la ciudad.

“Nos llamaban la atención los instrumentos, los desfiles y los conciertos. Así fue como muchos chicos nos sumamos a la banda municipal”, recordó.

Con apenas unos años de formación, comenzaron a participar en actos públicos, desfiles y ceremonias patrias, convirtiéndose en parte de la identidad cultural de la ciudad.

La trompeta, una compañera de toda la vida

Luego de varios años alejado de la música debido a su actividad laboral vinculada a la industria petrolera, Ormeño volvió a reencontrarse con su instrumento gracias a la Banda del CEMEPA.

“Estuve más de diez años sin tocar. Cuando regresé, me compré una trompeta usada y empecé de nuevo. Nunca más la solté”, contó.

Desde entonces retomó su actividad musical y comenzó a participar activamente en eventos culturales, escolares y protocolares.

El compromiso con la memoria de Malvinas

Uno de los aspectos más destacados de su trabajo comunitario es su permanente acompañamiento a los veteranos y a las actividades vinculadas a la causa Malvinas.

Aunque aclaró que no es veterano de guerra, explicó que realizó el servicio militar algunos años después del conflicto y que siempre sintió un profundo respeto por quienes participaron de la gesta.

A lo largo de los años colaboró con la recuperación y donación de elementos históricos para el Museo de Malvinas de Caleta Olivia, incluyendo municiones y piezas vinculadas al conflicto.

“Hay cosas que tienen que estar donde la comunidad pueda conocerlas y preservarlas”, señaló.

El custodio de las tradiciones

Ormeño también forma parte del tradicional izamiento diario de la bandera en el centro de la ciudad, una costumbre que se mantiene viva gracias al esfuerzo de vecinos y referentes históricos.

Tras la pandemia decidió involucrarse aún más en esta actividad, colaborando con el sonido, la organización y la conservación de una bandera de grandes dimensiones utilizada en las ceremonias.

“Son tradiciones que no se pueden perder. Hay que sostenerlas y transmitirlas a las nuevas generaciones”, afirmó.

Rescatando el patrimonio local

Además de su pasión por la música, Miguel ha impulsado numerosas acciones para preservar elementos históricos de la ciudad.

Entre ellas se encuentra la recuperación de las emblemáticas anclas ubicadas en el paseo costero, que durante años permanecieron abandonadas en Cañadón Seco.

Gracias a gestiones realizadas junto a referentes culturales y municipales, las piezas fueron restauradas e incorporadas al patrimonio de Caleta Olivia.

También colaboró recientemente con el Museo del Hombre y su Entorno mediante la entrega de diferentes elementos históricos y patrimoniales.

Una vida al servicio de la comunidad

A través de la música, la memoria histórica y el trabajo cultural, Miguel Ormeño se ha convertido en una figura reconocida y valorada por distintas generaciones de caletenses.

Su historia refleja el compromiso de quienes, muchas veces de manera silenciosa, contribuyen a preservar la identidad y las tradiciones de una ciudad que sigue construyéndose a partir de la memoria colectiva.

“Siempre trato de aportar mi granito de arena. Si algo sirve para la comunidad, entonces vale la pena hacerlo”, concluyó.

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