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¿Qué está pasando en Bolivia? Más de 100 detenidos, fuertes enfrentamientos en las calles y el país paralizado

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mayo 18, 2026

Bolivia atraviesa una de las crisis sociales y políticas más tensas de los últimos años, con protestas, bloqueos de rutas, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y un fuerte clima de inestabilidad que ya dejó decenas de heridos y más de cien detenidos. En el centro del conflicto aparecen sectores sindicales, campesinos e indígenas, pero principalmente grupos afines al expresidente Evo Morales, quienes impulsan movilizaciones contra el gobierno del presidente Rodrigo Paz en medio de una grave crisis económica marcada por la escasez de combustible, el aumento del costo de vida y el desabastecimiento de alimentos y medicamentos.

Las protestas comenzaron hace más de dos semanas con reclamos salariales encabezados por la Central Obrera Boliviana (COB), que exigía un incremento del 20% en los sueldos debido a la inflación y la pérdida del poder adquisitivo. Sin embargo, con el correr de los días el conflicto escaló políticamente y varios sectores empezaron a exigir directamente la renuncia del presidente Rodrigo Paz, quien asumió hace apenas seis meses tras poner fin a casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido fundado por Evo Morales.

A medida que crecían las movilizaciones, grupos de manifestantes comenzaron a bloquear rutas estratégicas alrededor de La Paz y El Alto, paralizando el ingreso de combustible, alimentos, medicamentos y oxígeno para hospitales. La situación provocó largas filas en estaciones de servicio, aumentos de precios y preocupación sanitaria por el faltante de insumos médicos esenciales.

Frente al agravamiento del conflicto, el gobierno boliviano desplegó alrededor de 3.500 policías y militares para intentar liberar las rutas mediante un operativo denominado “Corredor Humanitario”. Durante los desalojos se registraron violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. En varias zonas se utilizaron piedras, explosivos caseros y cartuchos de dinamita contra los efectivos. Según datos oficiales y organismos de derechos humanos, hubo cerca de 50 personas heridas, entre ellas periodistas, además de más de 100 detenidos.

En paralelo, la tensión aumentó todavía más por la participación de sectores cercanos a Evo Morales. Mientras el exmandatario permanece refugiado en la región cocalera del Chapare para evitar una orden de captura vinculada a causas judiciales, sus simpatizantes intensificaron las protestas y llegaron incluso a tomar el aeropuerto de Chimoré para impedir cualquier posible operativo policial que intente detenerlo. Dirigentes evistas afirmaron públicamente que defenderán a Morales “aunque cueste vidas”, una declaración que profundizó la preocupación por el nivel de radicalización del conflicto.

Las marchas también avanzaron hacia La Paz con el objetivo de presionar políticamente al gobierno. Algunos referentes sindicales aseguraron que continuarán movilizándose hasta lograr la renuncia presidencial. Desde distintos sectores políticos y analistas bolivianos consideran que, aunque Evo Morales no lidera oficialmente las protestas, gran parte de sus seguidores están utilizando el malestar económico para debilitar al nuevo gobierno y recuperar influencia política.

La crisis ya genera repercusiones internacionales. El gobierno de Javier Milei envió ayuda humanitaria a Bolivia mediante aviones Hércules, mientras que desde Estados Unidos denunciaron un intento de “desestabilización” contra el gobierno democráticamente elegido de Rodrigo Paz. Por su parte, el presidente colombiano Gustavo Petro ofreció mediar en el conflicto.

Mientras continúan las negociaciones y persisten los bloqueos, Bolivia enfrenta horas decisivas en medio de una fuerte polarización política, una economía golpeada y una creciente tensión social que mantiene en vilo al país.

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